lunes, 17 de marzo de 2014

Una brisa que pasa por el mismo lugar

Y entonces se encerraba... Se encerraba en la idea de un suave frió que no quería arropar, en ese misterioso y delirante color que proponía tanto, en la lenta y tan esperada unión que dejaba un paréntesis libre y sin miedo en el aire.
Se encerraba en la sorpresa... esa que con un giro imaginaba su expresión, mientras le tomaba sus manos, en esa guía que dirigía con esperanza y chocolates, ¿Acaso se podía soñar una y otra vez con la realidad? Esa que solo le dejo una rutina de suspiros que no le molestaba.
Se encerraba en lo que no entendía... en el encuentro de almas que padecían de hambre y sosiego, que solo podían ofrecer añoro a unos ojos caídos llenos de imaginación, inertes al poder sentir lo que otros decían y al despreciar lo que no era mentira; interpretando obras cobardes disfrazadas de valor.
Se encerraba en los tonos... en las pisadas lejanas que despertaban los nervios, en diferenciar esa melodía desafinada que conseguía despertar los sueños, y esa tonada utópica y reconfortante que abrazaba con fuerza el cariño dormido, ¿Quien no se sentiría agradecido de poder escuchar esta canción? Susurro entre sus labios rosados.
Se encerraba en el secreto... en la compañía monótona de no cruzar palabras, en la intuición que desvanecía la silueta de una voz cómplice que traía una ráfaga de momentos, y ese desconocido silencio que ya comprendía tanto.
Se encerraba en la forma... en esas efímeras, perdidas y oportunas lineas que atrapaban, evitarlas era un juego perdido pero vicioso, en ese dulce, elocuente y cómplice complemento que dejaba las arrugas de expresión a simple vista.
Y entonces se encerraba... en aquella esquina desolada y espaciosa, en donde dos canciones se entonaban, mientras el frió disipaba la voz, sorprendiéndolos para entender sus misterios, impidiendo cualquier falso afecto, y recogiendo los pedazos de irónicas creencias que dolían... Sus vibraciones se apresuraban para encontrarse.